Escrito por Mar Navarro, contacto: mar@kafeti.net
Aunque cocinar no está considerado como un lenguaje de amor oficial, combina tres de mis favoritos, que son actos de servicio, tiempo de calidad y dar regalos.
Como muchas personas, siempre he tenido una relación de amor odio con la comida. Soy alguien que desde pequeña he luchado mucho con mi peso, y por consecuente, han habido momentos en los que he visto la comida como la “enemiga”. Aunque debo confesar que todavía hay momentos en que lo sigo haciendo, cada vez me voy dando más cuenta que la comida es un sinónimo de amor.
Es tanto lo que he relacionado la comida con el amor, que decidí dedicar mi vida a la pastelería y ponerle tanto cariño a esos postres que pueda transmitir un poco de alegría a cada persona que los come. Hacer “quequitos” o preparar comida, ya no solo lo veo como un trabajo, lo veo como un lenguaje de amor, y creo que es un de las maneras más puras de mostrarle a las personas lo mucho que las queremos.

Aunque cocinar no está considerado como un lenguaje de amor oficial, combina tres de mis favoritos, que son actos de servicio, tiempo de calidad y dar regalos. Porque un regalo no es solo algo que se compra, algo que se prepara con nuestras propias manos tiene todo el valor del mundo; y si me preguntan a mí, no hay regalo más lindo que demostrar lo mucho que queremos a alguien que pasando tiempo con esa persona, más si lo hacemos sabiendo que dedicaron tiempo de sus vidas, para pensar en uno y preparando algo que me gusta.
Así que si tienen la oportunidad, vayan a cocinarle a alguien, demuéstrenle lo mucho que lo quiere y sorpréndanlo con esas habilidades culinarias, que por pocas que sean, cuando las cosas se hacen con amor, saben más rico.





