🦜🚫 ¿Regreso a las jaulas? La ciencia advierte sobre el peligro de legalizar el cautiverio de lapas
Punta Leona y expertos de la UNA y Wisconsin-Madison se oponen a la iniciativa de legalizar el cautiverio de psitácidos.
En el imaginario colectivo de Costa Rica, pocas imágenes son tan potentes y evocadoras como el vuelo de una pareja de lapas rojas (Ara macao) surcando el cielo del Pacífico Central. Sus colores vibrantes —ese rojo escarlata que parece arder contra el azul del cielo— no son solo un espectáculo visual; son el símbolo de una naturaleza que se resiste a desaparecer. Las lapas son aves profundamente sociales, inteligentes y monógamas, cuya existencia en libertad es un delicado equilibrio de aprendizaje familiar y supervivencia. Sin embargo, en este abril de 2026, una sombra se cierne sobre este icono nacional. Lo que para algunos parece un deseo inofensivo de compañía doméstica, para la ciencia y la conservación representa una amenaza existencial que podría borrar tres décadas de esfuerzos heroicos por rescatar a la especie del abismo de la extinción.
La historia de la lapa roja en el Pacífico Central es un relato de redención técnica y comunitaria. Hacia 1994, la población se encontraba en un proceso de desaparición alarmante, asfixiada por la pérdida de hábitat y, fundamentalmente, por el saqueo de nidos. Fue entonces cuando inició un programa pionero bajo la coordinación del Dr. Christopher Vaughan, experto de la Universidad de Wisconsin-Madison y figura clave en el manejo de vida silvestre en América Latina. Durante más de 30 años, este esfuerzo ha transformado a regiones como Punta Leona en santuarios de libertad, donde el manejo in-situ —aquel que minimiza el contacto humano para propiciar la recuperación silvestre— ha permitido que la población se cuadruplique. Hoy, de las aproximadamente 800 lapas que vuelan libres en el Pacífico Central, unas 70 tienen su hogar en Punta Leona, un éxito que ha posicionado a Costa Rica como un referente mundial en conservación regenerativa.
🌳 Un milagro de tres décadas bajo asedio legal
El reciente impulso para modificar la Ley de Conservación de Vida Silvestre y permitir el cautiverio de psitácidos (loras, pericos y lapas) ha encendido todas las alarmas en el sector científico y ambiental. El argumento es contundente: legalizar la «mascotización» de estas aves es, en la práctica, reactivar el mercado negro del tráfico ilegal. Históricamente, el impacto de los «laperos» —aquellos que robaban pichones de los nidos para venderlos como mascotas— fue el principal motor de su casi extinción. Volver a permitir su tenencia en hogares no solo es un retroceso ético, sino un incentivo directo para que el robo de pichones vuelva a ser un negocio rentable, destruyendo el tejido de alianzas entre el SINAC, la academia y la empresa privada que tanto costó tejer.
Desde 2016, instituciones como Punta Leona han elevado la apuesta hacia un turismo de enfoque regenerativo, donde la tecnología se pone al servicio de la educación sin interferir en la vida de los animales. El proyecto de «Lapa Streaming», que permite observar la reproducción en nidos artificiales en tiempo real, es una muestra de que el deleite de la observación no requiere de jaulas ni de contacto forzado. En la última década, un promedio de 18 volantones por año han salido de estos nidos para repoblar el litoral, un ciclo de vida que se vería interrumpido si la ley sucumbe ante la presión de convertirlos en propiedad privada.


🛡️ Los peligros invisibles del cautiverio y la mascotización
Más allá del debate ético, la evidencia científica que esgrimen expertos como el Dr. Vaughan apunta a riesgos biológicos devastadores. El cautiverio, debido a factores de hacinamiento y falta de higiene adecuada, puede provocar hasta 13 enfermedades distintas en estas aves. El peligro real ocurre cuando una lapa cautiva escapa o es liberada por dueños arrepentidos; estas aves pueden actuar como «caballos de Troya», transmitiendo patógenos a las poblaciones silvestres y diezmando en pocos meses lo que tardó 30 años en construirse. Además, una lapa criada por humanos pierde su brújula biológica: no aprende de sus padres cómo alimentarse, cómo evitar depredadores ni cómo integrarse socialmente, lo que convierte su eventual liberación en una sentencia de muerte casi segura.
La educación ambiental ha sido la herramienta más poderosa en esta lucha, llegando a más de 95 escuelas con materiales didácticos que enseñan a las nuevas generaciones que la belleza de la lapa reside en su vuelo, no en su plumaje tras las rejas. El lema que hoy resuena con más fuerza que nunca es «Lapas sí, pero en libertad». En un mundo que clama por soluciones sostenibles y respeto a la biodiversidad, Costa Rica no puede permitirse dar un paso atrás hacia prácticas que consideran a la fauna silvestre como un objeto de consumo. La lapa roja es el alma del Pacífico Central, y su supervivencia depende de nuestra capacidad para entender que hay bellezas que solo pueden apreciarse cuando se les permite ser dueñas de su propio cielo.
Acera de

Club Punta Leona es un reconocido resort ecológico y hotel de playa en Costa Rica, ubicado en el Pacífico Central, cerca de la popular playa de Jacó. Se caracteriza por ser un refugio natural que combina un bosque tropical húmedo con la belleza de sus playas, incluyendo la famosa Playa Blanca. Ofrece a sus visitantes una amplia gama de alojamientos, actividades recreativas como deportes acuáticos y senderismo, así como opciones de restaurantes y piscinas. Club Punta Leona se ha consolidado como un destino ideal para el turismo familiar y de naturaleza, destacándose por su compromiso con la sostenibilidad y la conservación del ecosistema.
