¿Está preparada la sociedad para este nuevo modelo?
La humanidad se enfrenta a una realidad inédita: vivimos más, pero nacemos menos. Esta aparente contradicción, un problema propio de las sociedades más desarrolladas, plantea un desafío sin precedentes para el futuro de la humanidad y, en particular, para el modelo de empresa moderna.
El declive de la natalidad:
Atrás quedaron los días en que las familias numerosas eran la norma. Las tasas de fertilidad han experimentado un descenso pronunciado en las últimas décadas. Según datos del INEC, en Costa Rica la tasa global de fecundidad se situó en 1.3 hijos por mujer en 2023, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2.1 hijos por mujer). Esta tendencia se replica a nivel global. Factores como el acceso a la educación y la anticoncepción, la incorporación de la mujer al mercado laboral, el retraso en la edad de maternidad y los altos costos de la crianza explican este fenómeno.

El impacto económico:
Esta disminución en la natalidad tiene profundas implicaciones económicas. Una población envejecida se traduce en una menor fuerza laboral, lo que a su vez impacta la productividad, el consumo y el crecimiento económico. Además, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y de salud se ve comprometida ante una base cada vez más reducida de personas en edad productiva.
La revolución de la longevidad:
Mientras la natalidad disminuye, la esperanza de vida aumenta a un ritmo sin precedentes. Los avances en medicina, la mejora en las condiciones de vida y la mayor conciencia sobre la salud han contribuido a este fenómeno. En Costa Rica, la esperanza de vida al nacer se sitúa en casi 81 años, similar a la de países mucho más desarrollados.
Una nueva estrategia:
Esta nueva realidad demográfica nos obliga a repensar el modelo de sociedad y de empresa. El mercado laboral deberá adaptarse a una fuerza de trabajo multigeneracional, con personas activas hasta edades más avanzadas al lado de jóvenes con una perspectiva vida un tanto distinta. La formación continua y la flexibilidad laboral serán claves para aprovechar el talento de los trabajadores senior.
Los desafíos:
La sociedad deberá afrontar el reto de garantizar el bienestar de una población envejecida, con necesidades específicas en materia de salud, vivienda y seguridad social. Se requerirán inversiones en infraestructura y servicios adaptados a las personas mayores, así como políticas que promuevan el envejecimiento activo y la inclusión social.

¿Qué papel deben jugar los diferentes actores en este nuevo escenario?
- El Gobierno: Deberá liderar la creación de un marco legal y social que promueva la conciliación familiar, la igualdad de género y el apoyo a las familias. Asimismo, deberá reforzar su inversión en educación, salud y seguridad social para garantizar el bienestar de una población envejecida.
- La empresa: Deberá adaptarse a la nueva realidad demográfica, promoviendo la flexibilidad laboral, la formación continua y la creación de entornos de trabajo inclusivos para todas las edades.
- La sociedad civil: Deberá promover un cambio cultural que valore la experiencia y el conocimiento de las personas mayores, combatiendo los estereotipos y la discriminación por edad.
Rompiendo barreras:
Es fundamental derribar los estereotipos que impiden la adaptación a este nuevo paradigma. Los miedos al cambio, la resistencia a la incorporación de las personas mayores al mercado laboral y los prejuicios sobre el envejecimiento son obstáculos que debemos superar.

Comparación con el pasado:
La sociedad de mediados del siglo XX, con familias numerosas y una esperanza de vida menor, difiere radicalmente de la realidad actual. El modelo social y económico de aquella época ya no es viable en un mundo envejecido. Es necesario un cambio de mentalidad y una adaptación a las nuevas circunstancias.
Si bien el caso de Costa Rica ilustra con claridad la encrucijada demográfica actual, este fenómeno no es exclusivo de nuestro país. A nivel global, naciones desarrolladas de Europa y Asia ya enfrentan desafíos similares.
La experiencia internacional demuestra que no existe una solución única; sin embargo, algunos países han implementado estrategias con cierto éxito. Las soluciones que han mostrado mayor suceso frente a los desafíos sociales y económicos de la baja natalidad y el aumento de la longevidad se centran en dos pilares fundamentales: adaptación e inclusión.
Países como Alemania han implementado programas de flexibilidad laboral que permiten a las personas mayores permanecer activas en el mercado laboral, adaptando sus jornadas y responsabilidades a sus necesidades. Esto no solo fortalece la economía al mantener la experiencia y el conocimiento de los trabajadores senior, sino que también promueve su inclusión social y bienestar emocional.
Por otro lado, países nórdicos como Suecia y Dinamarca han invertido en sistemas de cuidado infantil asequibles y de alta calidad, facilitando la conciliación familiar y laboral, lo cual incentiva la natalidad y permite la participación de las mujeres en la fuerza laboral.
Singapur, por su parte, ha apostado por políticas de inmigración selectiva que buscan atraer talento joven y han contribuido con ello a mitigar el impacto económico del envejecimiento poblacional y a construir sociedades más inclusivas y resilientes.
Otros países, como Japón, invierten en robótica y automatización para compensar la disminución de la fuerza laboral.

Ahora bien, estas son apenas medidas que contribuyen a mitigar el problema, pero no son en sí una solución sostenible o definitiva. Es claro que la búsqueda de soluciones requiere un enfoque integral que combine políticas públicas, innovación y un cambio de mentalidad a nivel social.
La disminución de la natalidad y el aumento de la longevidad plantean desafíos y oportunidades para la sociedad y la empresa moderna. La adaptación a esta nueva realidad demográfica requiere un esfuerzo conjunto de todos los actores sociales. Es hora de derribar barreras, repensar el modelo de sociedad y construir un futuro donde la longevidad sea sinónimo de bienestar y oportunidad para todos.
