Realidad institucional: El 9 de enero marca el compromiso del Estado de visibilizar prácticas médicas que vulneran la dignidad de las mujeres durante el embarazo y parto
El nacimiento suele retratarse como el momento más feliz en la vida de una familia. Sin embargo, para muchas mujeres en Costa Rica, esa «foto perfecta» esconde una realidad de silencios forzados, intervenciones innecesarias y tratos que vulneran su dignidad. Este 9 de enero, el país conmemora el Día Nacional e Institucional contra la Violencia Obstétrica, una fecha que no busca celebrar, sino cuestionar profundamente cómo estamos recibiendo a la vida.
🏥 Una herida invisible en el sistema de salud
La violencia obstétrica es, quizás, una de las formas de violencia de género más normalizadas y menos discutidas. No ocurre en callejones oscuros, sino bajo las luces blancas de hospitales y clínicas, lugares diseñados teóricamente para cuidar. Al reconocer oficialmente esta fecha, el Estado costarricense admite una verdad incómoda: el sistema de salud tiene una deuda pendiente con las mujeres y sus hijos.
Históricamente, el parto pasó de ser un evento íntimo y familiar a un procedimiento médico altamente tecnificado. Si bien esto redujo la mortalidad, también trajo consigo una jerarquía rígida donde la autoridad médica a menudo eclipsa la autonomía de la mujer. Lo que debería ser una experiencia de empoderamiento se transforma, en demasiados casos, en un escenario de sumisión.
🚫 «No grite, mamá»: La normalización del abuso
¿De qué hablamos cuando hablamos de violencia obstétrica? No es un concepto abstracto. Se manifiesta en frases y acciones que miles de costarricenses podrían reconocer:
- Procedimientos sin consentimiento: Realizar maniobras, rupturas de membrana o episiotomías sin explicar el porqué ni pedir permiso.
- Infantilización y humillación: Comentarios descalificadores sobre el dolor de la mujer o regaños por expresar sufrimiento.
- Soledad impuesta: Negar el derecho al acompañamiento de una pareja o familiar durante el trabajo de parto.
- Intervencionismo: Acelerar partos por comodidad de horarios o realizar cesáreas no justificadas médicamente.
Estas prácticas, al volverse rutinarias, dejan de verse como agresiones y se convierten en violencia institucional. Perpetúan la idea de que el cuerpo de la mujer no le pertenece durante el parto, sino que es un objeto de intervención médica.
📜 Del papel a la sala de parto
Nombrar el problema es el primer paso para sanarlo. Al oficializar el 9 de enero, Costa Rica envía un mensaje potente: el parto respetado es un derecho humano, no un privilegio de quien puede pagar una clínica privada o tener un médico «amable».
Sin embargo, el papel aguanta todo. La verdadera lucha está en traducir los compromisos internacionales —como la Convención CEDAW y la Convención de Belém do Pará, que Costa Rica ha ratificado— en cambios tangibles. Respetar la autonomía no significa poner en riesgo la salud; al contrario, un sistema que escucha e informa es un sistema más seguro y eficiente.
✊ El «Plan de Parto»: Tu voz cuenta
En este camino hacia la humanización, el Plan de Parto emerge como una herramienta fundamental, aunque todavía subutilizada. No es una lista de deseos caprichosos, sino un documento donde la mujer expresa sus preferencias sobre el manejo del dolor, el acompañamiento y los cuidados del recién nacido. Garantizar que este plan se respete en la Caja Costarricense de Seguro Social y en centros privados no es un favor; es la vía concreta para devolverle el protagonismo a quien realmente lo tiene.
La conmemoración de este 9 de enero solo tendrá sentido si logramos que ninguna mujer sienta miedo de entrar a una sala de partos. Un país que garantiza nacimientos libres de violencia es un país que apuesta por la igualdad y la paz desde el primer respiro.
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Acerca de

Ana Lorena de la Garza-Jiménez, autora costarricense, es la escritora del libro «Violencia obstétrica. Desde la perspectiva de los derechos humanos y testimonios de mujeres sobrevivientes«. Ella posee un Bachillerato y Licenciatura en Francés de la Universidad de Costa Rica y una Maestría en Derechos Humanos de la UNED. Además de ser coordinadora consular en la Embajada de Canadá en Costa Rica, es activista en Derechos Humanos y víctima de violencia obstétrica. Su obra busca visibilizar las violaciones a los derechos humanos que sufren las mujeres durante el embarazo, parto y posparto, basándose en testimonios reales para informar y alertar a otras mujeres.
