Una réplica en pastel de la catedral francesa resalta los lazos culturales entre Francia y Costa Rica.
En un homenaje único a la emblemática Catedral de Notre Dame de París, Costa Rica unió arte, historia y gastronomía durante la cena de gala del Beaujolais Nouveau 2024, organizada por la Cámara de Comercio e Industria Franco-Costarricense en San José.
La velada fue escenario de un emotivo tributo que conectó dos culturas, destacando la creatividad costarricense con una réplica en pastel de la icónica catedral francesa.
El pastel, elaborado por el equipo de maestros pasteleros de Nacarina, sorprendió a los asistentes con su impresionante realismo. Con dimensiones de 1.20 metros de largo, 0.85 metros de altura y 0.50 metros de ancho, esta obra requirió más de dos meses de planificación y trabajo minucioso. Cada detalle, desde los icónicos rosetones hasta las delicadas torres, reflejó la destreza y el talento de la repostería costarricense.
Un puente entre culturas
La embajadora de Francia en Costa Rica, Alexandra Bellayer-Roille, destacó durante su discurso la importancia de este homenaje:
«Este pastel no solo celebra la reapertura de Notre Dame, sino también los fuertes lazos culturales entre Francia y Costa Rica. A través del arte culinario, demostramos que nuestras naciones están conectadas por valores compartidos, como la apreciación por el arte y la historia.»
La Catedral de Notre Dame, joya arquitectónica del siglo XII y Patrimonio de la Humanidad, reabrirá oficialmente sus puertas en diciembre de 2024, tras un extenso proceso de restauración iniciado tras el devastador incendio de 2019. Este evento marca un momento histórico para Francia y el mundo, simbolizando la resiliencia y el compromiso con la preservación del legado cultural.
La repostería como arte trascendental
Herberth Hidalgo, gerente de marca de Nacarina, enfatizó la trascendencia de esta creación:
«Este proyecto demuestra que en Costa Rica no solo tenemos talento, sino también la capacidad de innovar y de crear piezas que trascienden fronteras. Es un orgullo rendir tributo a un símbolo tan importante de la cultura francesa.»
El evento, además de ser una celebración cultural, sirvió como un recordatorio de la riqueza artística que ambas naciones aportan al mundo. La réplica de la catedral en pastel no solo fue admirada por su realismo, sino también como un símbolo de hermandad entre Francia y Costa Rica.
La reapertura de Notre Dame promete inspirar nuevamente al mundo, mientras que, en Costa Rica, esta extraordinaria obra en pastel quedará en la memoria como un testimonio del talento nacional y su capacidad de conectar culturas a través del arte.
