Aunque con un arancel menor que otros bloques, la región centroamericana enfrenta retos comerciales cruciales tras la ola proteccionista de Estados Unidos.
En una de sus decisiones más controversiales en materia comercial, el expresidente Donald Trump reactivó el debate global sobre el proteccionismo al imponer aranceles “recíprocos” del 10% a la mayoría de los productos provenientes de América Latina.
La medida, que marca un giro drástico en la política exterior económica de Estados Unidos, afecta directamente a Centroamérica, una región altamente dependiente del comercio con su vecino del norte.
Aunque países como China y la Unión Europea fueron los más golpeados con tarifas del 34% y 20% respectivamente, la región centroamericana no salió ilesa.
Todos los países miembros del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-CAFTA) quedaron incluidos en el paquete arancelario, generando inquietud entre gobiernos y sectores productivos.
Centroamérica, ¿en la línea de fuego o en zona de amortiguación?
Para países como Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua —cuyas economías están íntimamente ligadas al mercado estadounidense—, el anuncio cayó como una bomba.
Las exportaciones de café, textiles, frutas, vegetales y dispositivos médicos —productos estrella en la región— ahora deberán competir con un costo adicional del 10% que pagarán los importadores estadounidenses en aduanas.

Costa Rica, por ejemplo, que en 2023 exportó más del 42% de sus bienes a Estados Unidos, incluyendo productos farmacéuticos, café y dispositivos médicos de alta tecnología, ve con preocupación este nuevo escenario. Aunque el presidente Rodrigo Chaves ha intentado
suavizar el impacto asegurando que «no se trata de un castigo directo», lo cierto es que muchas industrias locales anticipan una baja en la demanda, y con ello, una posible reducción en empleos e inversión extranjera directa.

Un golpe asimétrico con posibles ventajas relativas
En el análisis de la firma Oxford Economics, Centroamérica —al igual que el resto de América Latina— ha sido «relativamente menos golpeada», si se compara con otras regiones. El hecho de que el arancel base sea del 10%, mientras que en países como China los gravámenes alcanzan el 54%, abre una ventana de oportunidad: algunos países latinoamericanos podrían ganar terreno como proveedores frente a competidores más castigados.
Sin embargo, no todo es optimismo. Los aranceles impactan también la confianza del consumidor y del inversionista, elementos clave en economías pequeñas y abiertas como las centroamericanas. La incertidumbre podría ralentizar inversiones clave, sobre todo en sectores orientados a la exportación y la agroindustria.
Casos específicos y respuestas políticas
Nicaragua, además, fue uno de los países más castigados, con un arancel del 18%, el más alto de toda la región. Esta decisión, interpretada como una sanción política más que económica, encarece aún más la ya difícil situación para su sector exportador. Mientras tanto, países como Honduras y El Salvador, con fuertes vínculos comerciales y dependencia de remesas provenientes de Estados Unidos, se ubican en una posición vulnerable, según un informe reciente del banco Citi.
A pesar del golpe, hasta el momento ningún país centroamericano ha anunciado represalias comerciales. La estrategia, por ahora, parece ser la diplomacia: iniciar conversaciones bilaterales con Washington para revisar el impacto de los aranceles y buscar excepciones producto por producto, como ya ha sucedido con otros sectores en países como Chile y Perú.
¿Y ahora qué?
Con EE.UU. adentrándose en un ciclo electoral, la política comercial podría seguir siendo utilizada como arma de campaña, lo que mantiene en alerta a los socios comerciales del hemisferio. América Latina —y en particular Centroamérica— se encuentra en una posición ambigua: golpeada, pero no eliminada del juego.
La clave estará en qué tanto puedan negociar los países, qué sectores logren adaptarse más rápido, y si la región aprovecha la coyuntura para fortalecer su integración y diversificar sus mercados de exportación.
En tiempos de proteccionismo, la resiliencia y la estrategia serán las mejores aliadas.
